Atrás se quedan mis
ganas de ser única. Difuminándose como los colores del viento, aquellos creados
por el agua y los rayos del Sol. Adelante se perciben puertas, que sé, que al
cruzarlas podré encontrar la libertad que esta musa mía tanto ansía.
Adiós. Palabra que caerán de mis labios,
cuando los colores de la brisa sean incapaces de alcanzarme. Un saludo cordial.
Reflejándose en mi cara una vez cruce esas puertas que me vigilan a lo lejos,
pacientes siempre, por verme cruzar.
Fracasada. Así me
he sentido todo este tiempo. Intentando llegar a este punto, donde casi me
encuentro ahora. Ávida de deseo por tener un traspiés y caer de bruces ante la
puerta que se ha de abrir ante mí.
Volar. Verbo que
ha añorado esta alma mía durante todo este tiempo, que tranquila y
condescendiente se ha escondido tras las paredes robustas de mi inconsciencia.
Soltar. Expresión que estoy conociendo ahora que tengo todo el tiempo del mundo
para dedicarme a ti. Persona y amiga que me da la vida.
Mantengo la calma
y aguardo con esperanza de que pronto pueda mirarte a los ojos. En ese momento
mis palabras emanarán de mis finos y mordidos labios. No te preocupes que no
haré contigo lo que sí hicieron conmigo: “detenerte.” Por mí, tú siempre serás
libre.
Sé que eres una
caprichosa ramera. Me visitas en las noches que menos me lo espero. Te
introduces entre mis sábanas y aprisionas mi espíritu. Con la única intención
de dominarme. Como ves, soy consciente de quién eres y del poder que ejerces
sobre mí, en cambio, te equivocas si piensas que soy una cría en este campo.
Confundidas estás si piensas que tú puedes ser más rápida que yo. No.
Tal vez, el
cansancio sea el causante de mi dejadez. Tal vez, también lo sea, la pereza de
bajarme de la cama, tomar un lápiz y copiarte. Tal vez, te subestime a veces
pensando que regresarás en otro momento igual o mejor que en ese. Quizás, pensé
que al no imaginarte revolviendo mis mundos, yo dejaría de tener esas ganas
acérrimas de plasmarte sobre el papel... Y te irías. Te irías para siempre...
Mas mi
subconsciente habló y me susurró muy meticuloso a mi oído: “¿Quién serías si
ella se fuera?”, y en un sobresalto, con los ojos abiertos de par en par asomó
la infinitud: “Nadie.”
Dios y tú sabéis
que puedo vivir sin hombres. Que puedo desprenderme de amigos, que a veces solo
los considero como un lastre que hay que llevar como obligación de esta
sociedad conformista e irreal. Que puedo soñar despierta. Que puedo tocarte si
me lo propongo, pero que, por respeto, dejo que te vayas para volver a
encontrarte arrinconada en algún rincón de mi corazón. Que puedo escribir de lo
que sea, siempre que tú estés presente. Que soy tuya como tú eres mía. Que
juntas podemos dominar el mundo en nuestro mundo.
No tengo nada más
que decirte, amiga mía. Solo que... gracias por recordarme quién soy. Gracias por
esto, por darme el valor y la facilidad innata de esparcir la ironía y los
malentendidos. Gracias por venir y vivir conmigo durante veintiocho años.
Gracias... por no abandonarme. Eres la única, que ajena a mi familia, no lo ha
hecho... Supongo que porque tú y yo somos una. Cómo lo diría Sofía, ah sí,
gracias por ser “mi media naranja.”

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