Me desprendí de los
sudores abandonados a mi lado izquierdo de la cama hace ya algún tiempo. Dejé
abandonado en un rincón de la casa las ropas que olían a ti. Arranqué de mi
lecho todas las sábanas en las que dormité contigo. Arrojé al viento todos mis
recuerdos. Largué por mi boca los más insospechados insultos. Expulsé lo tóxico
que tenían tus labios. Abandoné cualquier esperanza que me llevara a ti. Empecé
a inclinar mi vida. A cambiarla. A soñarla.
Reverencié todas las noches en las
que no me derramaba por ti. Abracé la soledad como a una hermana. Brindé mil
veces por los días que no pensaba en ti. Pero me di cuenta de dos cosas: una,
que cada vez que me despedía, más me acercaba, más divagaba, regocijándome
estaba, hasta tal punto que perdí la poca locura que me quedaba y, dos, que no
quiero a nadie, porque estoy enamorada de mí, y que cuando mi corazón tenga
dueño, hablaremos de las cosas superfluas que mueven al mundo.... Volveré a
tener cordura. Mientras tanto, pronunciaremos mi nombre en cada una de las
líneas de mi VIDA.
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