sábado, 23 de agosto de 2014

Ave Fénix

     Siento una soga que me oprime la garganta. Ya no doy bocanadas de aire profundas para poder respirar, solo caigo en un letargo que me deja inconsciente sobre el duro suelo de la acera.

     Entreabro los ojos, y me parece ver de forma difuminada a personas andando por la calle. Me ven –al menos eso creo yo- pero pasan de largo, saltando mi cuerpo de una zancada. Y yo, mientras tanto, intento ponerme en pie, aunque me tiembla cada extremidad de mi cuerpo. Por fin, me levanto, alzo la mirada, hago un examen preliminar de todo lo que me ha ocurrido ahí –cuando llegue a casa ya lo maduraré, me digo-, y ando. Solo sé que andé durante largo tiempo. Y cuando me cansé, seguí andando, solo con la intención de no volver atrás. Ya no más.


     Ya me di cuenta, por la liberación de endorfinas, que cuanto más me alejaba, más oxígeno entraba en mi cuerpo y ya esa cuerda que me sostenía el cuello poco a poco se desprendió y cayó al suelo… Y entonces me dije: “Se acabó. Esta guerra se acabó.” Y, por primera vez después de bastante tiempo, sonreí para mí. Solo para mí… Sin fijarme si me miraban ojos extraños o no… Solo reí, y cambié mi mundo, guiñé un ojo al futuro, y me dije: “Ahora toca ser feliz. Soy como el Ave Fénix resurgiendo de sus cenizas.”


Añadir leyenda

sábado, 2 de agosto de 2014

Un pedacito de ti

      Partes de mi lado al coger el pomo de esa puerta, y me dices “adiós”. Si supieras que al ausentarte de esa manera me desgarras el alma. Si fueras consciente de que siento pavor al separar tu pecho del mío, como si el tic-tac de tu corazón fuera ese reloj que marca el pulso de mis besos sobre tu boca. Tu nombre domina cada quebranto que evoca mi alma… desde que tú no estás.

     Sabio serías si percibieras por ti mismo lo que significa cada caricia tuya sobre mi cuerpo desnudo o no, cada contacto tuyo a la orilla de mi boca, cada libertad que siento con cada sacudida de tu espíritu… Volviste para poner en sintonía mi corazón y mi mente, consiguiendo así someterme a la lujuria que irradia tu cuerpo sobre el mío… Se me erizan los vellos de solo pensarlo.


     Ya solo me siento respaldada de verás cuando tú estás detrás; lo indica la propia palabra “a mis espaldas”. Eres alguien a quien en el ocaso no veo y me cubre la espalda con su pecho que está a punto de rozarme, y acaba siempre rozándome. Así dormimos tú y yo. De manera que ambos nos damos la espalda a lo largo de la noche entera; y que solo al sentirme sobresaltada por una pesadilla o por un perturbador pensamiento regreso a ti, para que te dispongas a recorrer mi cuello con tu brazo y acondiciones tu cuerpo para la llegada del mío. Y vuelvo a escuchar ese tic-tac, y vuelvo a sentirme a salvo… Y vuelvo a sentirme en casa… Y curioso es que, justamente, ya amanece, amor mío…


miércoles, 28 de mayo de 2014

Narcisista

     Me desprendí de los sudores abandonados a mi lado izquierdo de la cama hace ya algún tiempo. Dejé abandonado en un rincón de la casa las ropas que olían a ti. Arranqué de mi lecho todas las sábanas en las que dormité contigo. Arrojé al viento todos mis recuerdos. Largué por mi boca los más insospechados insultos. Expulsé lo tóxico que tenían tus labios. Abandoné cualquier esperanza que me llevara a ti. Empecé a inclinar mi vida. A cambiarla. A soñarla. 

     Reverencié todas las noches en las que no me derramaba por ti. Abracé la soledad como a una hermana. Brindé mil veces por los días que no pensaba en ti. Pero me di cuenta de dos cosas: una, que cada vez que me despedía, más me acercaba, más divagaba, regocijándome estaba, hasta tal punto que perdí la poca locura que me quedaba y, dos, que no quiero a nadie, porque estoy enamorada de mí, y que cuando mi corazón tenga dueño, hablaremos de las cosas superfluas que mueven al mundo.... Volveré a tener cordura. Mientras tanto, pronunciaremos mi nombre en cada una de las líneas de mi VIDA.

domingo, 25 de mayo de 2014

Tú y yo somos una...


 Atrás se quedan mis ganas de ser única. Difuminándose como los colores del viento, aquellos creados por el agua y los rayos del Sol. Adelante se perciben puertas, que sé, que al cruzarlas podré encontrar la libertad que esta musa mía tanto ansía.

     Adiós. Palabra que caerán de mis labios, cuando los colores de la brisa sean incapaces de alcanzarme. Un saludo cordial. Reflejándose en mi cara una vez cruce esas puertas que me vigilan a lo lejos, pacientes siempre, por verme cruzar.

     Fracasada. Así me he sentido todo este tiempo. Intentando llegar a este punto, donde casi me encuentro ahora. Ávida de deseo por tener un traspiés y caer de bruces ante la puerta que se ha de abrir ante mí.

     Volar. Verbo que ha añorado esta alma mía durante todo este tiempo, que tranquila y condescendiente se ha escondido tras las paredes robustas de mi inconsciencia. Soltar. Expresión que estoy conociendo ahora que tengo todo el tiempo del mundo para dedicarme a ti. Persona y amiga que me da la vida.

     Mantengo la calma y aguardo con esperanza de que pronto pueda mirarte a los ojos. En ese momento mis palabras emanarán de mis finos y mordidos labios. No te preocupes que no haré contigo lo que sí hicieron conmigo: “detenerte.” Por mí, tú siempre serás libre.

     Sé que eres una caprichosa ramera. Me visitas en las noches que menos me lo espero. Te introduces entre mis sábanas y aprisionas mi espíritu. Con la única intención de dominarme. Como ves, soy consciente de quién eres y del poder que ejerces sobre mí, en cambio, te equivocas si piensas que soy una cría en este campo. Confundidas estás si piensas que tú puedes ser más rápida que yo. No.

       Tal vez, el cansancio sea el causante de mi dejadez. Tal vez, también lo sea, la pereza de bajarme de la cama, tomar un lápiz y copiarte. Tal vez, te subestime a veces pensando que regresarás en otro momento igual o mejor que en ese. Quizás, pensé que al no imaginarte revolviendo mis mundos, yo dejaría de tener esas ganas acérrimas de plasmarte sobre el papel... Y te irías. Te irías para siempre...

      Mas mi subconsciente habló y me susurró muy meticuloso a mi oído: “¿Quién serías si ella se fuera?”, y en un sobresalto, con los ojos abiertos de par en par asomó la infinitud: “Nadie.”

      Dios y tú sabéis que puedo vivir sin hombres. Que puedo desprenderme de amigos, que a veces solo los considero como un lastre que hay que llevar como obligación de esta sociedad conformista e irreal. Que puedo soñar despierta. Que puedo tocarte si me lo propongo, pero que, por respeto, dejo que te vayas para volver a encontrarte arrinconada en algún rincón de mi corazón. Que puedo escribir de lo que sea, siempre que tú estés presente. Que soy tuya como tú eres mía. Que juntas podemos dominar el mundo en nuestro mundo.


      No tengo nada más que decirte, amiga mía. Solo que... gracias por recordarme quién soy. Gracias por esto, por darme el valor y la facilidad innata de esparcir la ironía y los malentendidos. Gracias por venir y vivir conmigo durante veintiocho años. Gracias... por no abandonarme. Eres la única, que ajena a mi familia, no lo ha hecho... Supongo que porque tú y yo somos una. Cómo lo diría Sofía, ah sí, gracias por ser “mi media naranja.” 

martes, 22 de abril de 2014

Un canto a la alegría

      Ya todo llegó a su fin. No hay recuerdos, ni abrazos, ni miedos, ni nada. Ya todo acabó. Llevándose con él mis noches de infortunio, mis lágrimas de desesperación y el sueño de algo que nunca fue. Ya no hay marcha atrás. Me ha dejado el dulce olor de la ironía, de un sueño terminado y de un adiós posado en la yema de mis dedos.

     No motearé de orgullo esta carta, que va dirigida a Ninguno; más bien la colmaré del deleite confuso de su vida. No hay siesta sin mi perdón, ni perdón sin una cabezada. No hay disculpas que mis labios pronuncien, ni lamento que se pose sobre mis ojos. No hay nada más que decir, solo que ya no recuerdo si cuando te tuve en algún momento yo fui feliz.

     Vuelvo a estar en el mismo punto de partida. Donde la realidad y la ficción, cuando cae la noche, pueden llegar a desorientarme; cosa que dura nos segundos, unos segundo eternos, pero, aún así, unos segundos. Mi cabeza ya no mira para atrás, se ha centrado en el presente, en el hoy. Y hoy, no deseo que estés a mi lado.

     Palabras crudas de una mujer enamora de la vida, de la pasión del momento, de la alegría conseguida sin ti. No esperaba, sinceramente, sentirme tan libre al deshacerme de Ninguno, de tus suspiros al oído, de tus brazos en mi cintura y de tus te quiero sin sentido.

    La discusión se llevó la relación al odio y el odio al rencor. Un rencor que no alberga en mi pecho. En él afloraran mil margaritas de colores, mil esperanzas que puedan entrar y mil sueños que aún me quedan por cumplir.

    Desde aquí le digo que esta loca se va con otro loco, como bien dice Sabina, y que estos labios ya no pronunciaran más tu nombre. Así que te proclamo Ninguno de mi Reino, porque, para mí, es como si tú no hubieras existido.


     Saqué el coraje de las entrañas de mi cuerpo. Y ojalá que haya alguien que no me quiera como tú… porque si esa era tu forma de amar, quédatela porque yo no la quiero.