sábado 26 de marzo de 2011

Amor querido; Amor.


El reloj de mi cuarto ha ralentizado mi tiempo. Pareciendo así los segundos minutos. Los minutos horas y las horas años. Falta menos de un minuto para que den las diez de la noche. Hace menos de cinco horas que estaba contigo; y menos de siete cuando estaba exhalando el aroma de tu pelo en el sofá de nuestro salón-cocina. Los domingos, como éste, se han vuelto en los peores de mi vida.

Hoy, me he despedido de tus manos alrededor mi cintura, de tus miradas cuando yo me hacía la dormida y de tus besos en la frente, capaces de alejar mis pesadillas.

Cerrando los ojos, puedo ver cómo caminas de un lado a otro por el piso medio amueblado en el que vivo ahora. Aún oigo tus silenciosas risas en el escandaloso silencio que en este preciso instante me envuelve. Todavía corro en sueños para llegar a rozarte…

Te echo de menos. Creo que está claro. Mi diestra mano, consciente de la ausencia que nos separa, ha tomado el primer lápiz que vio, y está dispuesta a traerte de vuelta a casa… Antes de las diez.

En la divinidad de los sueños ocultos de la soledad pretendo encontrarte. En ellos juro besarte, abrazarte y, si me dejas, amarte. Amarte. Amarte de la misma forma que hace equis tiempo. Pero amarte. Te lo prometo.

Testaruda soy –nadie como tú lo sabe-; y aunque siempre me despierte Don´t believe in love de Dido, te garantizo que el día menos pensado a las diez de la noche llegaré a tocarte…

Sola. Retengo tu nombre entre estas cuatros paredes que me protegen del frío que me abrasa. Nada necesito y nada quiero.

Salgo a la calle. Persiguiéndote por Marqués de Larios y Alameda Principal. Por fin, entre el Paseo del Parque y la Calle de los Curas he logrado acorralarte.

Apunto estás de coger el primer autobús a donde no sé qué lugar. Las dos menos cuarto de la madrugada, y yo sin comida, sin dormir… Sin ropa que se me pegue al cuerpo.

Trazando la línea que nos separa… Sin embargo, frente a ti, te miro directamente a los ojos, sin pestañear, sin tragar saliva y casi sin respirar…

Un extraño sonido entre mis cuerdas vocales intenta salir a la superficie, pero se esconde entre la glotis y la garganta, impidiéndome gritar: “¡No te vayas! ¡Quédate conmigo!” Corro, creo que puedo alcanzarte. No obstante, una espesa oscuridad me hace caer al suelo, viéndote así desaparecer a través de ella…

Humillada y sucia, decido regresar a este piso alquilado por no sé cuánto tiempo. Aún tengo la esperanza de que regreses a mi lado. Aún te aguardo con los brazos abiertos. Aún te espero entre las sábanas de nuestro lecho. Aún te quiero… Y despierto.

Despierto de ese atolondrado sueño. Me vuelvo a ver sola, reteniendo tu nombre entre estas cuatro paredes que me queman. Y vuelven a ser las diez de la noche de un domingo cualquiera…. Y el tiempo vuelve a ser lento… Y vuelvo a escuchar a Dido… See the sun again.